Convento de los Franciscanos

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CONVENTO DE LOS FRANCISCANOS


La orden Franciscana fue fundada por San Francisco de Asís a comienzos del siglo XIII y sus miembros desarrollaron desde entonces una amplia labor de evangelización.

A finales del siglo XVI se fundó en Almansa una sede de la orden; existen dos versiones acerca del instaurador de esta comunidad; una de ellas asegura que el primer convento estaba situado en la antigua ermita de Santiago perteneciente a Juan Merino. La segunda versión nos cuenta que el fundador fue Fray Alonso de Llerena, discípulo de San Pedro de Alcántara.

La primera iglesia perteneciente a la orden Franciscana en Almansa, estaba situada en la parte oriental de la ciudad. A mediados del siglo XVII, ante las amenazas de ruina de esta primera residencia se buscó una nueva sede, que se empezó a construir en un huerto que había comprado el síndico del convento don Marcos de Navarra, en el actual jardín de la Glorieta.

El convento, desde su consagración en 1637 hasta la fecha, ha sufrido diversas vicisitudes, con cambios de uso continuos:

• 1835, debido a la desamortización de Mendizábal, los Franciscanos se vieron obligados a abandonar el convento, pasando el edificio al Patrimonio del Estado.

• 1842, el Estado cedió al Ayuntamiento la sacristía y la capilla de los hermanos.

• 1876, estaba ocupado en parte por una iglesia, por el cuartel de la Guardia Civil y por una escuela pública.

• 1900, el convento, tras hallarse en estado ruinoso, fue restaurado.

• 1920, por Real Orden, se declaró caducada la concesión realizada al Ayuntamiento.

• 1921, en abril se cumplió esa Orden y se devolvieron, al prior de la comunidad, las llaves del convento, ocupándolo de nuevo los padres Franciscanos.

• 1931, mayo, al instaurarse la República, fueron expulsados los Franciscanos y establecida la Escuela Graduada de Primera Enseñanza del Grupo Cervantes; la iglesia fue cerrada y durante la Guerra Civil, se usó como garaje militar.

• 1940, tras realizarse algunas reaparaciones, regresaron los frailes al convento.

Lo más destacable del convento es la iglesia de Santiago, se trata de un edificio barroco, de planta rectangular, consta de una sola nave con un coro sobre arco escarzano, cubierta con bóveda de cañón y dividida en cinco crujías y presbiterio.

En cada uno de los tramos, separados por arcos fajones, se abren profundas capillas laterales que se comunican entre sí mediante perforaciones de los contrafuertes. El presbiterio o cabecera del templo es de planta cuadrada, con testero plano de hueco abierto por horadamiento del muro, en el que aparece adosado el amplio camarín de Santiago, acusado en el exterior, con la bellísima azulajería que lo decora.

En la zona noble destaca el claustro, un espacio abierto de planta cuadrada, que se ordena mediante arcos de medio punto sobre pilares de sección cuadrada, centrado por el brocal de un pozo elaborado en piedra, y en torno del cual giran las diferentes dependencias de la clausura. En la galería baja hay un pequeño salón destinado a la Orden Franciscana Seglar y en la galería alta se halla el refectorio, la cocina, la biblioteca y el salón de lectura.

La portada central, de mayores dimensiones que las laterales, da acceso al templo, es adintelada y presenta inciso sobre la piedra el año de construcción del edificio. La fachada principal, blanqueada y de grandes proporciones, aparece cubierta a dos aguas. Los balcones y ventanas son de gran sencillez decorativa, así como los vanos que aparecen recercados por molduras con peineta cruciforme.

El mixtilíneo perfil de la cornisa es de idéntica traza a otros edificios del levante español. Tras la última reforma, ha quedado a la vista la piedra original en los laterales, dejando revestida de yeso la portada principal. Sobre la cubierta del edificio, se asienta una espadaña construida de ladrillo de un solo hueco que alberga una campana.

Con respecto a su entorno, carece de ornamentación alguna, yendo los huecos dispuestos asemétricamente. Ocupa una posición relevante en la plaza, si bien la sencillez de su arquitectura no distrae la atención convirtiéndose en un elemento más de la misma. La fachada posterior del edificio consta de un pequeño huerto-jardín que comunica con la calle Corredera.

La mayoría de las obras devocionales que el templo acoge, fueron realizadas entre los años 40 y 60 de la pasada centuria. Destaca una imagen de San Pascual Bailón adorando la custodia; talla escultórica en madera policromada, atribuida a Roque López, principal discípulo de Salzillo, considerada como un bello ejemplo de la estética contrarreformista barroca.

Entre los franciscanos notables que pasaron por el convento de Almansa merecen mención especial San Pascual Bailón y el Beato Andrés Hibernón. Dos venerables monjes que mantuvieron un importante vínculo con esta población, según nos cuentan las crónicas, participaron en diversas ocasiones en la procesión que se realizaba a la ermita de Belén 

El Beato Andrés Hibernón, en una ocasión al llegar a la ermita permaneció orando durante dos horas en un rincón, sus devotos aprovecharon la situación para apropiarse del bastón y de algunos pedazos del hábito que vestía para conservarlos como reliquia.

San Pascual Bailón (1540-1592) fue pastor y se dice que de niño sirvió en las Casas de los Osa y de Alarcón. Existe en el término la fuente llamada de San Pascual, donde, según la tradición, daba agua al ganado. Fue morador del convento «…a quien placíale grandemente por lo solitario, áspero y austero…»


 

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